Recuerdas cuando eras pequeño? ¿Cuando todo giraba alrededor de tener o no un juguete que todos los demás tenían? ¿Cuando con decir:yo soy palomita, parecía que nada malo podía contigo? ¿Cuando aún creías que Los Reyes Magos te traerían tus ansiados regalos e intentabas quedarte despierta para poder verlos? Sí, era divertido. Nada podía salir mal. Y ahora piensas que querrías volver a esos tiempos, volver a disfrutar sin temor a nada. Pero no, no era así. El juguete que los demás tenían tú nunca llegaste a tenerlo en tus manos. Cuando decías la frase:yo soy palomita, venía otro y te decía: eso no vale y tenías que pillar. Cuando tenías la esperanza de ver a Los Reyes Magos terminabas dormida o tú madre te obligaba a irte a dormir. Pero, ¿acaso importaba? No, no le dabas la más mínima importancia. Es más, intentabas y conseguías mejorar para que no volviera a suceder, para no volver a fallar. Y ahora yo me pregunto, ¿por qué no lo hacemos ahora? ¿Por qué no intentamos mejorar como antes?